En una calle solitaria va caminando,
cartera en mano, taco aguja, pelo al viento
oye pasos detrás de ella…cerca, muy cerca,
apresura la marcha con miedo, con angustia,
dobla en la esquina, respira profundamente,
pero nuevamente vuelve a escuchar aquellos pasos,
esta vez más cerca aún… el miedo crece.
Entra en un callejón…sin salida,
las sombras le enseñan una silueta detrás de ella,
que avanza, que se hace cada vez más grande.
La toma del brazo, ella forcejea, se defiende,
grita con fuerza, pero nadie le escucha,
alcanza a ver unos ojos, brillando como faros,
le arroja el bolso, el reloj, las joyas,
pero quedan regados en el suelo,
es a ella a quien busca... a quien desea,
la toma de la cintura, la atrae hacia él,
le busca los labios con insistencia, con desespero,
ella lo evade, lucha, pero él es más fuerte .
Siente sus labios sobre los suyos, apretándolos.
La respiración de aquel es agitada, intensa, febril,
sus manos recorren su espalda con vehemencia,
hurgan en el silencio, buscan con desesperación.
sin detenerse avanzan por todos lados,
cada rincón es investigado, es acariciado,
en aquel callejón sucio y polvoriento.
Ya sin fuerzas se deja llevar,
sus labios se hallaron, se disfrutaron,
y tras el miedo, el silencio y la soledad
sus cuerpos se unieron en un mismo ritmo,
tumbados entre viejos cartones, bajo las estrellas,
sin detener la marcha, ni la intensidad...
hasta llegar a la máxima expresión de plenitud
hasta apagar sus gritos con los labios del otro.
Tras ello, se levantan, se visten, sacuden el polvo;
nadie dice nada, sobran las palabras…
Ella siguió su camino, él no volteó a verla.
miedo, pasión, desenfreno y un simple adiós,
mañana volverán a encontrarse,
mañana jugarán nuevamente...
como casi siempre lo hacen,
el aquel callejón sucio y polvoriento...