como se cuela un ladrón en casa ajena,
así se coló tu voz sutil, vibrante, acariciante.
Me despertaste con un suave beso,
me descubriste sólo para ti,
mientras tu voz tomaba mi mano
y juntos traspasábamos el umbral de lo real,
de lo común, de lo conocido, de lo lógico
para llevarme a transitar por senderos sin luz,
sin preguntas y sin respuestas.
Seguí tu voz, como quien sigue un lazarillo,
como quien sigue una esperanza, un milagro,
y a la vuelta de la esquina tu voz me atrapó,
me sedujo, se robó mis fuerzas y mi voluntad.
Y mientras la lluvia caía, yo caía en tus brazos,
mientras la noche moría, yo revivía en tu cuerpo,
mientras otros dormían yo recién despertaba
a una nueva forma de sentir…de vivir.
Y mientras tú te marchabas al amanecer,
yo me juraba a mi misma que nunca jamás
volvería a cerrar mi ventana…



