Dale duro, golpéalo con tu desamor,
fuérzalo a hacer lo que no quiere,
somételo a tus malos pensamientos,
arráncalo y devóralo sin remordimientos,
arrástralo por las calles oscuras de tu rencor,
tómalo prisionero, niégale el pan, niégale el agua,
deja que muera de a poquitos, deja que sufra,
viértele encima la lluvia de tus mil reproches,
róbale la risa, con dientes y todo,
miéntele todos los días, diciéndole que aún lo amas,
ata su destino a tu vida llena de prejuicios,
amordaza sus gritos, extingue su vida con tus palabras,
apaga con insultos, el rayito de luz que aún hay en él,
márcale en la frente que el único dueño eres tú,
pisotea su autoestima, no levantes tu pie de él,
arrójalo al hoyo de tus miserias, de tu frustración
échale la culpa de tu fracaso, y de lo que nunca llegará a ser,
cóbrale con intereses, cada beso que le diste sin sentir amor,
y tras todo ello, no pretendas nada más...
y tras todo ello, cierra la puerta tras de ti,
pues hiciste todo cuanto querías,
pero el corazón ha dicho: “¡No más!”

